Vuelta al ruedo

Pensaba volver a escribir en Corderitos después de mucho tiempo, pero problemillas con los derechos de Administracion me han impedido volver a hacer -e incluso me ha sido imposible importar el blog-. Doy cuatro años por muertos.
Y lo agradezco.
Si no lo hacen por nosotros, nos volvemos incapaces de eliminar la mierda que hemos acumulado, asi que voy a aprovechar que la Provicencia, o lo que sea, se ha puesto de mi parte para resumir estos años de ¿bloguer? -no me gusta la palabra- en un unico post y seguir adelante con ello: sigo estando muy ciego para apreciar toda la belleza de París en primavera.

Yo tenía dieciocho años. Fue un balón largo, al área. Salió el portero con los dos pies por delante. El defensa que me marcaba, Vázquez, saltó de chilena. Y yo salte encogido entre los dos y el balón me dio en el puño, zas, y se metió. Ganamos 0-1 y nadie se dio cuenta de dónde me había dado. Ni el arbitro, ni los contrarios, ni los míos, ni la prensa. Al terminar el partido agarre el tranvía para volver a casa y, al bajarme, me estaba esperando un chaval de catorce o quince años, yo le conocía del barrio, era sordomudo. ¡Estaba llorando, el pobre! Con los gestos me decía que yo había metido el balón con el puño… Pobrecillo, había estado en la cancha y lo había visto desde su posición, estaba en esa portería. Me acompaño a casa y mi padre, al verme llegar, me pregunto que pasaba. Se lo conté…

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