El derecho al crédito

Jorge Galindo escribe esta maravilla y con un único párrafo dice lo que nadie se atreve a afrontar:

Parece evidente que es necesario prohibir que exista acceso al crédito cuya devolución no está asegurada. Este caso puede estar muy claro (y para mí, al menos desde la distancia, lo está) pero habitualmente la frontera es mucho más difusa que lo que se observa aquí. Dejando posibles timos de lado, hemos de ser conscientes de que si limitamos la capacidad de los acreedores de ofrecer préstamos a ciertos niveles de interés, también estamos por lógica cerrando el acceso a crédito para muchas personas, tanto físicas como jurídicas. El asunto es que quien más difícil lo tiene para devolver un préstamo, y por tanto intereses más altos soporta, suele ser también quien más lo necesita. He aquí la paradoja más dura de la regulación sobre el crédito a ciudadanos y pequeñas empresas: facilitar el acceso suele conllevar soportar más riesgos. Porque además se añade el problema de que quienes piden más préstamos son muchas veces quienes más dificultades tienen para después devolverlos (los economistas lo llaman «selección adversa»). Por eso mismo, confiar en el crédito en exceso para financiar las mejoras esperadas de una parte de la población parece un tanto iluso, si no directamente peligroso.

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